El fenómeno de la televisión por cable ha generado un falso poder de elección en las personas. Aunque no nos parezca, las opciones de productos televisivos no son del todo variada.
La gente cree que por cambiar un canal, y observar un programa distinto del masivo o el recomendado por todos, tiene el poder de elección en su mano. En realidad, la programación en general está guiada por pocas fuentes y la mayoría de las alternativas responden a un mismo objetivo.
Llegamos al consumo de un mismo producto, pero en distintos horarios y lugares, ya que la mayoría de los programas cubren siempre los mismos hechos, o lo que es peor, se alimentan de otros programas. A su vez, tienen una continuidad que hace dramático perderse una emisión circunstancial.
Hoy en día, las conversaciones familiares (como puede ser en el almuerzo o la cena) giran en torno a lo que nos muestra la televisión. Así también, muchos de los horarios en las rutinas diarias de las personas se basan en el tiempo de sus programas favoritos.
Una de las mayores degradaciones que ha tenido este medio en los últimos años fue la pérdida del respeto por el espectador, ya sea en cumplir los horarios de los programas, tanto como en sus contenidos. En muchas ocasiones vemos que prometen que habrá algo en una parte del programa y por razones (muchas veces ignorado por la gente) del “minuto a minuto” del rating lo pasan para otro momento.
También hay una clara desfiguración del horario de protección al menor, casi ninguno de los canales establece esta barrera (más grave aún si son los emisión abierta). No es raro encontrar lenguaje adulto o escenas “fuertes” en los programas emitidos durante el día, es más, la gente ha aceptado estos recursos como atrayentes y los medios los han incorporado como tal.
Como muchos especialistas han afirmado, la televisión ataca exclusivamente la parte emocional de las personas, bajando las barreras de la crítica personal y de ello se nutre actualmente. Está comprobado que la imagen viaja a un sector del cerebro humano que despierta y activa un sentido emocional, es por eso que esta cuestión es inherente al medio. No así por ejemplo los libros o la prensa gráfica, porque como la imagen ataca a la parte emotiva, la lectura despierta un poder de razón, caracterizado por la crítica. Con todo esto inadvertido por la gente, es un proceso de destrucción de cualquier cuestionamiento personal hacia lo que estemos viendo. Con este efecto, la gente está cada vez más incapacitada para protestar por ello y estas cuestiones se transforman en algo “normal”. Nadie advierte la injerencia que posee este aparato dentro de sus vidas.
Otro factor importante a la hora de mirar televisión es las estadísticas del nivel de audiencia, llamado “rating”. No sabe cómo funciona, pero la audiencia muchas veces responde a sus resultados. Hay varios casos en los que se mira el programa con el puntaje más alto. Tal vez por un efecto dominó o para saber lo que los demás saben a la hora de ser sociable con los demás y poder establecer conversaciones de algún tema en común. Lo que no saben es qué parámetros utilizan las empresas de medición o en qué lugares se realiza tal observación. Así comienzan las acusaciones de plagios en los resultados, ya que los programas con más rating será el más caro, el que más “crecerá” y el que más verá la gente (hipotéticamente). Si estas condiciones se cumplen, también tendrá una capacidad de inducción en la opinión pública, que le dará un gran poder en un amplio sector de la sociedad.
martes, 4 de mayo de 2010
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